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El texto original en inglés es la única fuente definitiva y citable.

Springback Academy es un programa tutelado para futuros escritores de danza en Aerowaves'Festival Primavera Adelante. Estos textos son el resultado de esos talleres.

Herejes – Ayelen Parolin

Dos bailarines con pianista en el escenario.

Ayelen Parolin, Herejes. Foto © Charlotte Sampermans

Dos hombres emergen de la oscuridad. Dos héroes, uno junto al otro al frente del escenario, con las piernas separadas, como si esperaran un desafío. En el escenario, junto a ellos, un pianista es el tercer compañero. Los bailarines se lanzan a una obsesiva e implacable danza de brazos. Sus pies se clavan en el suelo como troncos de árboles; sus brazos luchan contra el aire como cuchillas afiladas en una danza perfectamente sincronizada. El pianista, punteando vigorosamente las cuerdas del piano, impulsa a los bailarines a un diálogo percusivo, mezclando energía explosiva y sonidos metálicos. A medida que los bailarines recrean repetidamente esta compleja partitura, aparecen imágenes: ¿guerreros realizando un ritual similar a un kata? ¿Trabajadores de fábrica ejecutando gestos mecánicos? Al rendirse finalmente, inmóviles, en un silencio prolongado, Heretics deja a su público con el recuerdo de una oración universal cautivadora y densa, pero quizás no tan subversiva como prometía el título.

Con la serena concentración y la postura firme de maestros de artes marciales, los cuerpos de los bailarines Marc Inglesia y Gilles Fumba entran en un combate deslumbrante con las discordancias ásperas de la partitura para piano de Lea. Los brazos de los hombres se agitan, se lanzan en picado, cortan y vuelan con exquisita precisión y rapidez. A su vez, las notas esquivan y esquivan los relámpagos de los hombres y luego parecen, gradualmente, dominarlos.

Dentro de la prodigiosa repetitividad de la masa y el zumbido del movimiento, cada mínima variación, el giro de una cabeza o el cambio de una mirada, se magnifica y se define con precisión. Es en estas pausas, cuando el hipnótico ritual se rompe y el ser humano se revela, que nos preguntamos cuál podría ser el sentido de la lucha obsesiva, tanto la literal que azota al trío en el escenario como el dilema existencialista que la pieza nos propone reflexionar.

Un cuarteto para un piano sin piel y tres personas. Comenzando con una obertura de estallidos solitarios en la oscuridad, la composición evoluciona hacia exuberantes explosiones sonoras. El piano se esfuerza por romper con nuestras percepciones tradicionales. De pie al frente, en el centro del escenario, con los pies firmes durante toda la actuación, dos corpulentos bailarines agitan los brazos en gestos sincronizados.

Como discípulos dedicados de su propia enseñanza secreta, ejecutan ornamentos de movimiento de gran precisión, repitiendo y aumentando incansablemente su amplitud al ritmo de la música. La obra rebosa confianza y creencia en el valor del proceso mismo: programar los movimientos a nivel reflexivo. Un juego varonil de dominar la energía evoca, de forma extraña, al espectador en la genuina virtud de la hermandad. Los desafíos, sean cuales sean, pueden afrontarse codo con codo con un compañero.