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El texto original en inglés es la única fuente definitiva y citable.

Springback Academy es un programa tutelado para futuros escritores de danza en Aerowaves'Festival Primavera Adelante. Estos textos son el resultado de esos talleres.

AL13FB – Fernando Belfiore

Persona arrodillada en el suelo rojo con casco

Fernando Belfiore, AL13FB3. Foto © Jamian Brigitha

Fernando Belfiore nos transporta a su mundo de alto voltaje nada más entrar: música pop a todo volumen, suelo color arcoíris, objetos ilegibles dispersos por todas partes y él, una figura llamativa que baila como un cantante de pop cursi en un videoclip. ¿Qué es este mundo? ¿Quién es este peculiar personaje que baila, habla y gruñe de forma extraña? ¿Cuánto tiempo lleva haciendo eso antes de que llegáramos? En su autopresentación acumulativa, afirma estar aquí para hablarnos a lo más profundo de nuestros corazones, pero ¿es realmente así? Belfiore no para de cargar imágenes y música: espadas de Star Wars y máscaras de hierro, pop, ópera y tribal; todo parece tener sentido para él en su mundo. Pero ¿qué debería significar para nosotros, espectadores confundidos?
AL13FB<3 No dará muchas respuestas, pero podría hacerte reír y reflexionar, y tal vez eso sea suficiente.

La fiesta unipersonal está en pleno apogeo cuando entramos, con el mismísimo Fernando Belfiore saltando y bailando sobre una pista de colores arcoíris. Estamos a merced de su estética, y las reglas del juego son opacas, pero con toques de neón.

Nos saluda con una gama de voces, cambiando de volumen, tono y duración como una radio humana zumbando entre emisoras. Nos reproduce simultáneamente bandas sonoras contradictorias —tecno, pop, ópera— y hace mímicas extravagantes al ritmo de una banda sonora privada. No hay una gramática visual elaborada; en cambio, hay polvo verde disperso, una elegante escena a cámara lenta con un sable de luz azul y una vela al azar: imágenes inconexas, aparentemente elegidas por su color más que por su significado.

Hay mucha alegría y energía, pero este experimento de "nuevos rituales" es extrañamente desconectado y deja a todo el público sintiéndose como la única persona sobria en una fiesta.

Con el pelo rosa y pantalones cortos de chico, Fernando Belfiore parece un conejito de discoteca de juguete mientras se mueve al ritmo del europop a todo volumen. Su escenario es un parque infantil de objetos brillantes y música cursi. Finge ser un robot; sus chillidos y gruñidos son un acompañamiento caricaturesco para el movimiento de brazos y el zapateo. Bebe un líquido azul y lo rocía al aire, se pone una capa de disfraz y golpea el suelo con un rollo de papel metálico. Un corazón luminiscente late en su camiseta. Todo es bastante aleatorio.

Belfiore dice, muchas veces, que ha venido a hablar con nosotros. Para cuando ha derramado pintura de su palma como sangre de un estigma y nos ha abierto los brazos como un Jesús benéfico, entre acordes místicos y sonidos del mar, parece que realmente ha venido a hablar consigo mismo. Cualquier revelación exagerada que la actuación pueda contener es solo suya.