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Springback Academy es un programa tutelado para futuros escritores de danza en Aerowaves'Festival Primavera Adelante. Estos textos son el resultado de esos talleres.

Elvedon – León y el lobo

Cinco bailarines realizan una rutina sincronizada en el escenario.

Elvedon, de León y el lobo (coreografía Christos Papadopoulos). Foto © Patroklos Skafidas

El éxtasis conceptual del tiempo invisible

El tiempo se materializa a través de los cuerpos de los bailarines, aunque no podemos captar con claridad el momento en que su energía se convierte en una metáfora visible del tiempo. Recuerda la timidez de las plantas que se esconden de nosotros justo en el instante en que deberían florecer. Mediante la danza, el coreógrafo crea una ilusión óptica similar a las del famoso artista gráfico Maurits Escher.

Seis bailarines, dispersos irregularmente, inician su imperceptible y prolongado movimiento de rebotes y desplazamientos sobre la pista, acercándose y alejándose. Guiados por el poder de la atracción y las leyes del azar, forman variaciones, combinaciones y permutaciones, como en un juego de átomos malicioso y caprichoso. El movimiento minimalista es extremadamente exigente; exige una gran disciplina tanto del cuerpo como del rostro de los bailarines; al frente se ven dos chicas con expresiones sensatas. El principio de la repetición es una vía directa al estado de éxtasis; el éxtasis es un intenso trueno del Tiempo.

O te atrapa, o te pierde: Elvedon No se compromete, es una proeza de persistencia tanto por parte del público como de los intérpretes. Seis bailarines, de forma dolorosa pero tentadora, moldean el escenario; sus relaciones resultan frustrantemente aleatorias. Sus cuerpos se mueven constante y repetidamente, pero solo un poco: un rebote continuo, un ligero balanceo de brazos y pasos cortos. A veces, un dueto parece inminente, o la posibilidad de variación se asoma disimuladamente, solo para que se nos niegue tal desarrollo manifiesto. El paisaje sonoro evoca el minimalismo de Steve Reich, una acumulación de ritmos raspantes, bombeantes e industriales. El final se construye hasta el colapso, pero la quietud sigue negada: los bailarines se estremecen en sus lugares caídos, antes de levantarse lentamente para comenzar de nuevo.

Una pieza admirable que exige y recompensa una audiencia atenta.