¿Cómo logramos la igualdad de estatus para todos? ¿Derribando a quienes ya están en el poder o impulsando a quienes están oprimidos?
Cuando buscamos la igualdad menospreciando a quienes, de una forma u otra, tienen más, me temo que vamos por el camino equivocado. En el Festival Spring Forward de este año en Sofía, se hicieron varias declaraciones sobre el género y la relación entre hombres y mujeres, pero una plataforma pública como esta conlleva una responsabilidad.
In Dans, para SatanásLa coreógrafa e intérprete danesa Hilde Ingeborg Sandvold pinta sobre un fondo anunciando que «Dick is God» («El pene es Dios»). Luego, usa su propio cuerpo para revelar la segunda mitad de la frase, con las palabras «But pussy has the power» («Pero el coño tiene el poder») pintadas sobre su torso. Es evidente que Sandvold busca provocar reflexión y debate, pero ¿qué está diciendo realmente? ¿Que los hombres gobiernan el mundo, pero no tienen poder, y que las mujeres, aunque no tengan un estatus divino, sí tienen el control?
¿A quién le sirve eso? ¿Arrebatar el poder, percibido o no, a un género y entregárselo al otro realmente crea equilibrio y armonía? Cuando Sandvold sube al escenario con una salchicha caída y la deja caer al suelo con desdén como si no valiera nada, ¿qué logra con esto (además de una risa barata)? ¿Ignorar y menospreciar un símbolo de masculinidad fortalece a las mujeres?
Esto no significa que la base del mensaje de Sandvold no sea válida: durante siglos, la subyugación de la mujer ha sido una norma social aceptada, y para millones de mujeres y niñas en todo el mundo, poco ha mejorado. La búsqueda de la igualdad está lejos de terminar.
Pero en un mundo donde a los hombres se les dice desde pequeños que no lloren y que se comporten como hombres cuando se atrevan a mostrar sensibilidad, ¿es de extrañar que tengamos líderes masculinos en la política y los negocios de todo el mundo que no saben cómo tratar a los demás con amabilidad y compasión? Menospreciar a los hombres no es la respuesta para enseñarles que hay otra manera de ser.
La danza, y en particular la danza contemporánea, posee una increíble capacidad para conmover, despertar emociones y conectar con el público. La forma en que los coreógrafos aprovechan esta oportunidad es importante, y en un momento en que las mujeres tienen una posición realmente poderosa para visibilizar comportamientos inaceptables (Time's Up, #MeToo), se requiere sutileza y empatía para transmitir este mensaje.
También en Spring Forward este año, la española Núria Guiu Sagarra exploró el lado más oscuro de las redes sociales y la cosificación del cuerpo, con inteligencia e ingenio. LikesLa belleza de sus vigorosas posturas de yoga se ve repentinamente comprometida cuando la vemos desnudarse para llamar la atención. Pero nada en su mensaje enfrenta a un género contra otro; es una lucha universal para todos vernos y apreciarnos por quienes somos, no por lo que somos.


