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El texto original en inglés es la única fuente definitiva y citable.

Springback Academy es un programa tutelado para futuros escritores de danza en Aerowaves'Festival Primavera Adelante. Estos textos son el resultado de esos talleres.

PLI – Viktor Černický

Hombre actuando con sillas negras apiladas en el escenario.

Viktor Černický, PLI en Summer ReCollection, Liubliana 2021. Foto © Andrej Lamut

In PLIViktor Černický se convierte en el único director de una compañía de actores bastante inusual: un conjunto de 22 sillas. Como en juegos de mikado y dominó, las reorganiza con destreza, pasando del desorden a la cadena y a la pila. Černický hace que las sillas se equilibren unas sobre otras como acróbatas, formando constelaciones arriesgadas que burlan a la gravedad. Todo esto sucede con una banda sonora de su propia creación, un redoble de tambor lleno de suspense que Černický produce mientras golpea y chirría sus zapatillas por el escenario. A través de su acto de manipulación seca y solitaria, no podemos evitar proyectar cuerpos sobre estos objetos de tamaño humano, seres con piernas, traseros y espaldas. Y de la manera más desgarbada pero divertida, muestra a estos seres de dos en dos en una variedad de posiciones, un Kama Sutra de sillas.

Jonas Schildermans

A lo largo de las décadas, la «pieza de silla» se ha convertido en un cliché de la danza contemporánea, casi un rito de iniciación para estudiantes y jóvenes coreógrafos. Viktor Černický PLI Es sin duda una pieza de silla (hay 22), pero no es precisamente un cliché. Para empezar, el propio Černický, moviéndose nerviosamente con su elegante traje y sus zapatillas chirriantes, parece más un diligente asistente de escena que un personaje. Son las sillas las protagonistas, ya sean alineadas para que caigan en cascada con la misma satisfacción que las fichas de dominó, o apiladas formando patrones a la vez lógicos y que desafían la gravedad.

El drama –y el humor– surgen de la incertidumbre constante de si Černický cumplirá con su tarea de disponer las sillas, porque todos sus patrones son precarios; porque las sillas obedecen a la física, no a las personas; y porque la propia presencia de Černický tambaleándose en el suelo aumenta su inestabilidad.

Es discreto, extrañamente conmovedor y muy refrescante ver una pieza en la que los humanos no son, por una vez, el centro del escenario.

Sanjoy Roy