Un dúo lento y pesado inicia la exploración del trabajo de Camelia Neagoe: los bailarines se apoyan mutuamente, solo para disolverse en el caos de las tareas cotidianas y las ambiciones incumplidas. El movimiento se reduce a acciones más pequeñas y definidas a medida que los intérpretes comienzan a hablar: describen con naturalidad sus ocupaciones, sus pausas para el almuerzo y sus sueños de ascensos que nunca llegan.
Las palabras y las acciones se desbordan en el absurdo: los bailarines se comparan con plátanos, y sus jefes se proyectan en la pared del fondo como monos de dibujos animados. A pesar del potencial surrealista de este universo, la actuación nunca despega del todo. Escena tras escena, se presenta una nueva idea, pero nada evoluciona; todo permanece desconectado de lo anterior.
La estructura fragmentada de Work in Progress hace que parezca mucho más larga de lo que realmente es. Las escenas individuales se extienden más allá de su tensión natural, lo que provoca que pierdan ritmo y claridad. Si bien la obra intenta, con sinceridad, criticar el trabajo y su significado, las declaraciones anticapitalistas que pretende expresar resultan repetitivas. Sumado a una construcción caótica, esto deja al público desorientado, a la deriva en un mundo de generalizaciones.
María Chiara de Nobili
La coreografía de Camelia Neagoe no se detiene en su exploración física inicial del trabajo en la sociedad moderna: una interacción entre un cuerpo que se mueve con una fluidez lenta y natural y otro, dominado por movimientos robóticos. En cambio, las intérpretes Eva Danciu y Mariana Gavriciuc asumen un papel subordinado, de apoyo, incluso explicativo, en relación con una narración bastante literal.
Esta narrativa, construida a través de un collage de imágenes reconocibles (si bien no desgastadas ya) de trabajadores alienados y explotados, promociones insatisfechas y tristeza corporativa por Zoom, toca la herida abierta del folclore contemporáneo del lugar de trabajo.
La obra emplea ingeniosos recursos dramatúrgicos —la entrega y el retiro de trofeos, un discurso de autoayuda sobre ser el mejor del grupo— para llevar estos temas a escena. Sin embargo, rara vez logra desarrollarlos más allá de sus expresiones más básicas.
Quizás el título " Obra en progreso" no sea solo un indicador temático, sino también un comentario sobre el estado de la obra en sí.
Zala Julija Kavčič
El irónico título de esta pieza se refiere a personas que trabajan literalmente en una oficina. Un prometedor diálogo de movimiento entre dos bailarines al principio se transforma en una conversación: el tono es cordial mientras reflexionan sobre sus vidas como empleados («Nuestro trabajo es muy importante») en una empresa que los ve como simples engranajes de la máquina de ganancias. Una voz en off autosuficiente les dice: «Todos somos plátanos: algunos magullados, otros demasiado pequeños…». Y una proyección animada de una videollamada de Zoom muestra a un grupo de chimpancés discutiendo próximas promociones cuyas fechas se extienden absurdamente hasta el día 33 del mes.
Los temas de Work in Progress son claros, pero la ejecución es irregular. El aplastamiento de papel sin sentido, la música estridente y los ladridos de los perros retratan la naturaleza mundana y a veces siniestra de trabajar para una corporación multinacional, pero una escena donde los bailarines cantan con luces de discoteca no hace avanzar la trama.
Los protagonistas están evidentemente descontentos con su suerte. Al final de la historia, se consuelan mutuamente, comen plátanos y miran a lo lejos. ¿Podría la conexión humana ser la clave para un futuro mejor?
Greta Bourke
La obra Work in Progress de Camelia Neagoe aborda cuestiones familiares pero sin resolver: ¿cómo podemos equilibrar el trabajo que hacemos y los roles que desempeñamos sin perder nuestra identidad? Entrelazándose, desplazándose, apoyándose e invadiéndose mutuamente, Eva Danciu y Mariana Gavriciuc exploran el espacio antes de dirigirse al público: una emprendedora, la otra simplemente necesitada de un trabajo.
Nos movemos a través de escenas: una videollamada donde los personajes son personificados por monos, una pausa para el almuerzo, una secuencia de carrera y un monólogo que compara a las personas con plátanos maduros. La pieza rebosa de preguntas y posibilidades que parecen propicias para una investigación más profunda.
El hilo conductor está claro, pero las cuestiones planteadas aún no se han problematizado lo suficiente como para generar una conversación verdaderamente convincente. ¿Cómo podemos proyectar nuestra propia experiencia en la obra, o dejarnos interpelar por sus preguntas, en lugar de simplemente ser conscientes de ellas?
La conciencia ha crecido a lo largo de décadas; lo que anhelamos ahora son soluciones, sueños y nuevos mapas para el futuro.
Marco Pronovost


