Un hotel spa de cuatro estrellas en algún lugar de Croacia. Si buscas fragancias y flautas, acude a «La Chiicha» (Loto Retina) con su vestido de toalla-bata. Tocan melodías bajo huesos colgantes, de modo que las notas se elevan por sus grietas. Para itinerarios, pregunta a Le Gac, quien nos habla en francés (con traducción). O mejor no: no te enterarás.
Este spa supera la simple excursión de autocuidado espiritual, adentrándose en una realidad sin salida. Como el idioma élfico inventado por Tolkien, el nivel de detalle hace indiscutible la existencia del spa, una mentira magistralmente meditada.
Le Gac levanta una sábana blanca sobre la que se proyectan imágenes ridículas, casi repugnantes, de simbiosis digital. Animales se transforman con vegetales, con el caos como ingrediente clave. El elocuente francés de Le Gac, junto a tal absurdo, es tan travieso que solo podemos reír y oler nuestra hierba de cortesía.
El público es atraído al espacio por cojines y bebida de jengibre para presenciar a La Chiicha en un pad de batería, dirigiendo a Le Gac, que golpea sus pies con tacones sobre una tabla de madera con precisión militar y concentración sin aliento; este spa convertido en club nocturno de culto grita menos dar rienda suelta Y mucho más. Mantente al día con el ritmo o de lo contrario...
¿Están en el nivel alto? Si lo estuviera, ¿lo entendería? ¿El éxito de la obra requiere que me entregue a ella? Como explica la propia Le Gac, debemos reprimir el deseo de hacer preguntas.


