No siempre sabemos qué presenciamos durante una función. Como público, necesitamos estar informados.
Nicola Galli, Genoma Scenico • Metodo Lo hace abiertamente. En esta obra interactiva, se coloca una selección de cartas sobre una mesa frente al espacio escénico. Las cartas representan diferentes elementos que podrían formar la obra y que, al jugarse, determinarán el número de cuerpos en el escenario, el tipo de movimiento, la dirección del recorrido, el género musical, etc. Se invita al público a seleccionar una combinación y observar el resultado.
Pero toda actuación necesita esta educación en cierto sentido, para que el público experimente plenamente la intención de la obra. Un artista callejero no hace primero su mejor truco; no apreciaríamos plenamente su dificultad. No, primero se balancea sobre una rueda. Luego, lanza y atrapa un objeto mientras se balancea sobre la rueda. Después, hace malabarismos con tres objetos mientras se balancea sobre la rueda.
Esta presentación de los componentes básicos, este establecimiento de parámetros para resaltar su desarrollo posterior no implica necesariamente una escalada en la habilidad o la complejidad. Primero se debe emplear un enfoque —literal o figurativo—, resaltando cuidadosamente los elementos, para que comprendamos y sintamos lo que significa cuando colisionan. En la apertura de Sharon Fridman, Va la figuraEl bailarín Shmuel Dvir Cohen arrastra una mano por el suelo mientras da vueltas por el escenario en su scooter, que se mueve a velocidad constante. Esta simplicidad atrae nuestra atención hacia la línea y el ritmo, que se amplían (de forma hermosa) cuando más tarde se le une el segundo bailarín, Tomer Navot.
Guiar al público de esta manera puede ser complicado. Sobre todo porque lo que puede parecer obvio para un coreógrafo o bailarín tras meses de ensayo —o años de práctica— no lo es para quienes no están involucrados en el proceso creativo. Pero ¿cómo apreciamos el vuelo si no vemos primero el salto?


