Normalmente no pienso en los pastores portugueses como iconos queer. Si el sudoroso y sensual... Tierra Cobre (2023) es una referencia, tendré que cambiar radicalmente mi visión de ese grano particular de masculinidad pastoral.
Marco da Silva Ferreira es un coreógrafo portugués con una presencia creciente en la escena internacional. Junto con el músico y escultor sonoro João Pais Filipe, concibió esta performance como una instalación al aire libre. En la Sala de Música de Cámara del Concertgebouw de Brujas, la interacción con la distintiva arquitectura sigue siendo cautivadora. Da Silva Ferreira trepa por las paredes y, en un alegre crescendo, recorre las tres galerías en espiral llenas de público.
La actuación comienza con los dos intérpretes, ocultos tras largas pelucas negras, de pie tras dos láminas metálicas oxidadas, alineadas perpendicularmente en la parte delantera del escenario. El tono es más solemne que exploratorio. Cuando da Silva Ferreira, vestido únicamente con mallas verdes y Dr. Martens, se lleva la mano izquierda a la entrepierna mientras blande un pesado cencerro y gira en el sitio, la atmósfera es más la de un toro musculoso que la de un fauno coqueto.
Pais Filipe, vestido de negro y con un aire de serena precisión, supervisa un batallón de tambores, campanas y gongs. Aun así, es da Silva Ferreira quien se roba el protagonismo con su actuación cruda y física, evolucionando de un campesino fanfarrón y musculoso a algo un poco más… poco convencional. Sus movimientos se transforman gradualmente en exagerados empujes de cadera y ondulaciones abdominales, como si poco a poco estuviera alterando la imagen masculina tradicional y robusta.
Sin embargo, mientras que las energías contrastantes del dúo —la cruda fisicalidad yuxtapuesta a la claridad musical— se unen en el acto final, hay un cambio de ritmo a mitad de la actuación que perdura en la mente. Cuando Pais Filipe abandona la zona de confort de su batería de instrumentos, se produce un torpe pas de deux. Los dos intérpretes se agarran torpemente abrazos, y el contraste entre la sensual da Silva Ferreira y el rígido Pais Filipe es caótico, descoordinado y un poco confuso. Cuando Pais Filipe finalmente le baja las mallas a da Silva Ferreira para revelar su brillante trasero, resulta más desconcertante que revelador. Como si lo estuviera pensando mejor, el músico se retira tímidamente a sus instrumentos. Pero en cierto modo, esta silenciosa y desconcertante pausa en la música captura el excéntrico encanto del espectáculo. ●
14.12.2024 Concertgebouw, Brujas, Bélgica
Creación e interpretación: João Pais Filipe & Marco da Silva Ferreira
Sonido: João Monteiro
Supervisión técnica: João Monteiro
Productor ejecutivo: Ana Ademar, Hugo Alves Caroça, Mafalda Bastos
Encargo y producción: BoCA – Bienal de Artes Contemporáneas
Coproducción: Futurama, P-ulso
Residencia artística: O Espaço do Tempo
Soporte: Fábrica de Chocalhos Pardalinho


